- Dispersion mecánica:el fruto al madurar se abre bruscamente dispersando las semillas en muchas direcciones.
En ecología botánica se llama balocoria a la dispersión de semillas por un mecanismo explosivo.
La balocoria es una de las formas menos comunes de las usadas por las plantas o los hongos para favorecer la dispersión de sus propágulos, pero aun así no es un fenómeno raro, existiendo multitud de ejemplos, como el Pepinillo del Diablo o la Calabaza. - Diseminación por el aire: favorecida por la morfología del fruto.
En botánica se llama anemocoria a la forma de dispersión de las semillas en la que es el viento el que produce el transporte.
La anemocoria se basa en general en semillas pequeñas y secas dotadas o acompañadas de estructuras que aumentan su superficie y su rozamiento con el aire. Los dos casos más comunes son:
- Semillas o frutos alados.
- Se llama vilanos a las expansiones formados por pelos flexibles o ríqidos que acompañan a la semilla o fruto.
- Diseminación por el agua: La hidrocoria es el mecanismo de dispersión de las semillas a través del agua; las que están adaptadas a este efecto, a través de membranas que garanticen la impermeabilidad, y cámaras de aire o aceite que permitan la flotación; el coco, por ejemplo, es más ligero que el agua, lo que le permite flotar largamente en la superficie marina.
- Diseminación por animales: Hay varias formas de promover el alejamiento de las semillas, que permiten distinguir sobre todo la anemocoria (dispersión por el viento) y la zoocoria (dispersión por animales) .
Para la zoocoria las semillas o los frutos presentan partes externas especializadas que facilitan su asociación con los animales. Distinguimos dos modalidades:
Ectozoocoria. Las semillas o frutos se adhieren a la superficie de los animales por medio de sustancias adhesivas o de estructuras mecánicas que favorecen la fijación, tales como ganchos o arpones.
Endozoocoria. Las semillas son tragadas por determinados animales, atraídos a ella por un fruto de consistencia carnosa o algún otro cebo. Los frutos y semillas preparados para ello son portadores de recompensas o señuelos con los que a la vez atraen a sus agentes dispersantes.